La valla de
la vergüenza.
NUESTRA OPINIÓN: Taller periodístico
Grupo Alberto Navarro Pastor
Después
del paréntesis de estas fiestas navideñas, no podemos más que retomar el tema
de la reforma, expoliación y desastre urbanístico, con que se está ensañando en
la plaza de Castelar el equipo de gobierno local, con su alcaldesa al frente.
Como ya
todos hemos podido comprobar, se iniciaron las obras, con nocturnidad,
premeditación y alevosía, sin una información para el ciudadano, sin tan
siquiera ver los planos y sin tener una idea clara de en qué consistirá el
proyecto. Todo secreto, todo oscuro, todo a espaldas de la población que al
final será quien pague los platos rotos.
Y además incumpliendo algunas leyes, como son
las del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos Locales, en el que la plaza
Castelar está incluida desde la calle Francisco Alonso a Reyes Católicos. Eso,
entre otras cosas, no se ha respetado. Y no hablemos de la escandalosa deuda
con que nos van a hipotecar por el elevado coste de esas innecesarias obras, después
de haber vaciado las arcas municipales durante estos años de tiranía política.
Creemos
expresar la opinión de una gran mayoría de Eldenses cuando pedimos que se
quiten las chapas metálicas con que han “forrado” todo el recinto, seguramente
para que nadie vea el desastre que allí se está produciendo, ya que la plaza se
encuentra perfectamente protegida por la sólida reja que la circunda. Si el
proyecto es tan maravilloso como lo están vendiendo, no entendemos el motivo
por el cual no permiten que la gente pueda presenciar las obras y dar su
opinión. Nos gustaría saber a qué se debe tanto secretismo.
Lo único que se nos ocurre es que tanto
misterio obedezca a varias razones, que por supuesto desconocemos; pero hemos
llegado a la conclusión de que una de ellas sea que la prepotencia y el
desprecio hacia los demás, con que actúa este equipo de gobierno, les haya
hecho sentirse más allá del bien y del
mal, llevándoles a olvidar las reglas más elementales de la convivencia: el respeto, la dignidad y la obligación de servicio que deben a sus
conciudadanos, a quienes muy indignamente representan. Está muy claro que esto
les importa muy poco o nada y que pasan
olímpicamente de la opinión de los demás.
Y otra y
posiblemente más certera, sea que son tantas las mentiras que han vertido sobre
la actuación en esa plaza, tantas las promesas que han incumplido que si no
fuera porque dudamos de que la tengan, se
les caería la cara de vergüenza de la forma tan zafia, prepotente y autoritaria
con que están tratando a los Eldenses de bien, que por otro lado son los que
pagan sus sueldos a costa de muchas privaciones.
Quiten
esas vallas y dejen que al menos nos vayamos preparando para lo peor.
Sin ánimo
de molestar acabaremos con un dicho popular, recordándoles que: “Quien siembra
vientos, recoge tempestades”.
Elda, 8 de Enero del 2015