DE LA
AVIDEZ ADMINISTRATIVA…O DE ALGUNOS DE SUS SIERVOS
NUESTRA
OPINIÓN:Taller Periodístico
Grupo Alberto
Navarro Pastor
Corren
malos tiempos, aunque con eso no descubrimos nada nuevo a los ciudadanos, al
fin y al cabo todos los sufrimos. Bueno…todos, todos tampoco, es lo cierto. Hay
una parte de la población: jubilados, jóvenes, asalariados (sean públicos o
privados), parados, profesionales liberales, mujeres, personas con cualquier
grado de dependencia… en fin, podemos ir sumando todos aquellos colectivos que
vienen a nuestra mente en estos momentos, y seguro que siempre faltará alguno
más, pues todos estos sectores son la parte más dañada por la situación, dicen
que coyuntural, que atraviesa la sociedad (no solo nuestro país, seamos
legales). La otra parte, la llamada clase política y el poder
económico, aunque muestren signos de condolencia y griten su pesar poco
creíble, por tener que tirar de la soga que nos ahoga, el caso es que siguen
jalando de ella y no solo eso, si no que, siempre que pueden procuran hacer un
nuevo nudo en esa cuerda, para evitar que resbale y la situación vuelva atrás
en el tiempo.
La
sociedad está harta, pero también está prisionera. Lo está de deudas,
contraídas en tiempos en los que su trabajo les permitía asumirlas. Lo está de
ser engañada por jerarcas sin escrúpulos, que solo ven a las personas como masa
productiva, a la que hay que reducir y dominar, de modo que sean cual pulgones
para las hormigas, vacas lecheras a las que ordeñar una y otra vez, sin
descanso, hasta sacarles todo el jugo posible, al fin y al cabo, solo somos
para ellos votantes que, cada cuatro años les damos el pasaporte, para que
sigan exprimiendo nuestra buena voluntad, aprovechándose de las
necesidades que nos han creado: falta de
trabajo, hambre, falta de autoestima, desilusión, decrepitud moral. Políticos
tramposos que confunden la conciencia social con idiotez y así nos consideran.
Mediocres elevados al estado de reyezuelos locales unas veces, de territorios
algo más extensos si son autonómicos, de extensión nacional no por más
inteligentes, sino por más desaprensivos.
Esta
gente es la que nos dirige y nos obliga, por que no podemos decir que nos
gobierna, el gobernante ha de ser otra cosa. Ellos intentan confundirnos
eliminando la justicia social, no cumpliendo con las necesidades de la
educación pública y menoscabándola; abandonando la sanidad pública en manos de
grupos empresariales creados por ellos mismos, con la intención de ganar dinero
a costa de la necesidad de ayuda en la que nos sume el dolor y la enfermedad
(el ejemplo lo acuñó un señor jerarca de la Comunidad Valenciana junto a su
familia, con los geriátricos y escuelas infantiles); nos confunden creando
indefensión al convertir la justicia en un servicio de pago, con lo cual quien
puede pagar sale beneficiado, quien no tiene recursos tendrá que aguantar y
dejarse pisar por el contrario , aunque sea un opresor en cualquiera de las
variantes que puedan existir ( el camino lo marca un ministro pseudo moderado,
del que recordamos sus intervenciones televisivas de hace décadas en contra de
la ley del aborto).
Mientras
tanto ellos, los políticos de medio pelo, siguen cargando sobre las espaldas de
la sociedad el abastecimiento de los bancos de alimentos. Devuelven a las
personas dependientes a la reclusión en sus casas, para ser cuidados por sus
familiares, generalmente madres, esposas, hijas, aunque creen con ello paro
entre sus cuidadores especializados y situaciones de conflicto familiar, por el
stress provocado ante la falta de recursos para hacer frente a la situación en
los hogares. Permiten movimientos como el de la dación en pago, aunque ellos no
solucionen el problema y solo traten el
drama que supone dejar a personas abandonadas a su suerte, suicidios que se
repiten y otras consecuencias, como “daños colaterales” que hay que asumir por
todos. Todo esto nos ha llevado a un estado en el que si no colaboramos nos
sentimos mal, pero si lo hacemos seguimos invirtiendo el camino que iniciamos
hace cuatro décadas. La Justicia, el derecho a
la educación, a la sanidad y la atención a las necesidades sociales, lo
estamos convirtiendo en ejercicios de caridad y beneficencia, con lo que
volvemos a la corte de los milagros, en la que exponer las miserias del cuerpo
y del alma puede ser un billete para la supervivencia.
Digamos
¡basta ya!, nosotros tenemos el poder. Nosotros podemos acabar con las
prácticas genocidas, si, genocidas, pues detrás de lo que nos imponen está la intención de
extinguir el sistema que entre todos hemos construido, con mayor o menor
acierto, pero en el que las personas empezaban a contar como tales, no como
objetos a rapiñar hasta su total anulación y extinción, por tanto ¡Basta ya de
gobernantes genocidas!
Y
para terminar hagamos referencia al mejor manual de política que se ha escrito.
Hace 500 años, Maquiavelo escribía El Príncipe un tratado que, a lo
largo de los años ha servido de ejemplo a muchos gobernantes. Ahora cuando se
cumple el 5º Centenario de su publicación sigue igual de vigente. Pero
igualmente lo está para el pueblo, pues si un príncipe puede ser aconsejado y
advertido sobre las debilidades y flaquezas de sus gobernados, éstos igualmente
pueden quedar advertidos de la ignorancia de quien los oprime.