lunes, 11 de marzo de 2013


A propósito del desempleo

Nuestra Opinión: Alberto Navarro

Grupo Alberto Navarro

 

Los últimos acontecimientos acaecidos en nuestro País, que pone en el candelero a tanto personaje y personajillo y no precisamente resaltando sus virtudes, hacen que por unos días se desvíe nuestra atención de otros importantes temas, que quedan, de momento aparcados en nuestra memoria. Cual espesa cortina de humo, parece que nos quieren alejar del problema real y más acuciante que nos atenaza y que no es otro que el  del paro. Cada día van en aumento las cifras de las personas que han perdido su empleo, que oficialmente sobrepasa los cinco millones; aun siendo esta cifra preocupante, creemos que está engañosamente planteada, ya que no solo son más de cinco millones de parados, son más de cinco millones de familias sin recursos, que no pueden subsistir sin la ayuda y el sacrificio de sus familiares; que no pueden proporcionar a sus hijos lo estrictamente necesario para vivir dignamente, seis millones de familias abocadas a la indigencia, a la desesperanza. ¿Cómo hemos llegado a esto? Y mientras tanto estamos asistiendo con ojos atónitos al incesante entrar y salir de los juzgados de gentes  muy conocidas, muy principales y con muy pocos escrúpulos, que han robado, engañado, malversado con total impunidad premeditación y alevosía, que seguramente por desgracia, no pagarán muy caro sus delitos. Si es que llegan a pagarlos. Mientras,  quienes debían defender nuestros intereses, los de todos, miraban hacia otro lado y cuando el pastel se ha descubierto, casi por casualidad, todos entonan el “¡Yo no he sido!”. ¡Bueno esto es el colmo de la desfachatez!

Tal parece que la señora ministra de empleo haya confundido los términos y ha entendido que su misión era aumentar el paro en lugar de reducirlo. Y la verdad es que se está empleando a fondo y le está saliendo a pedir de boca: la reforma laboral, los contratos basura, el aumento de la edad de jubilación etc. etc. Todos los sectores en pie y ella haciendo caso omiso del clamor popular, cada vez apretando más las tuercas. Remedando la famosa frase del Rey al malogrado dirigente venezolano, lo que procede decir ahora  es: “¿Por qué no dimites?”

Mientras en este país un diputado o un senador sin ninguna preparación para el cargo, sin tener que aprobar ninguna oposición, sin tener ni tan siquiera que pasar un examen, tan solo con afiliarse a un partido político, tenga un salario cuatro veces mayor que  cualquier trabajador cualificado, necesite treinta años menos de cotizaciones para jubilarse, tenga una pensión muy por encima de la de cualquier mortal y además con manga ancha para hacer de su capa un sayo, tal y como estamos viendo y sufriendo, esto irá de mal en peor. Solo pedimos un poco de cordura y un poco de vergüenza, que se depuren responsabilidades y el que no valga que se vaya, ya sea el de más alto rango o el último mono. Para el caso es lo mismo. Ya está bien de tanta injusticia y prepotencia.

 

Elda, 5 de Marzo del 2013

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