A propósito del
desempleo
Nuestra Opinión: Alberto Navarro
Grupo Alberto Navarro
Los últimos acontecimientos acaecidos en nuestro País, que
pone en el candelero a tanto personaje y personajillo y no precisamente
resaltando sus virtudes, hacen que por unos días se desvíe nuestra atención de
otros importantes temas, que quedan, de momento aparcados en nuestra memoria.
Cual espesa cortina de humo, parece que nos quieren alejar del problema real y más
acuciante que nos atenaza y que no es otro que el del paro. Cada día van en aumento las cifras
de las personas que han perdido su empleo, que oficialmente sobrepasa los cinco
millones; aun siendo esta cifra preocupante, creemos que está engañosamente
planteada, ya que no solo son más de cinco millones de parados, son más de
cinco millones de familias sin recursos, que no pueden subsistir sin la ayuda y
el sacrificio de sus familiares; que no pueden proporcionar a sus hijos lo
estrictamente necesario para vivir dignamente, seis millones de familias
abocadas a la indigencia, a la desesperanza. ¿Cómo hemos llegado a esto? Y
mientras tanto estamos asistiendo con ojos atónitos al incesante entrar y salir
de los juzgados de gentes muy conocidas,
muy principales y con muy pocos escrúpulos, que han robado, engañado,
malversado con total impunidad premeditación y alevosía, que seguramente por
desgracia, no pagarán muy caro sus delitos. Si es que llegan a pagarlos. Mientras, quienes debían defender nuestros intereses,
los de todos, miraban hacia otro lado y cuando el pastel se ha descubierto,
casi por casualidad, todos entonan el “¡Yo no he sido!”. ¡Bueno esto es el
colmo de la desfachatez!
Tal parece que la señora ministra de empleo haya confundido
los términos y ha entendido que su misión era aumentar el paro en lugar de
reducirlo. Y la verdad es que se está empleando a fondo y le está saliendo a
pedir de boca: la reforma laboral, los contratos basura, el aumento de la edad
de jubilación etc. etc. Todos los sectores en pie y ella haciendo caso omiso
del clamor popular, cada vez apretando más las tuercas. Remedando la famosa
frase del Rey al malogrado dirigente venezolano, lo que procede decir ahora es: “¿Por qué no dimites?”
Mientras en este país un diputado o un senador sin ninguna
preparación para el cargo, sin tener que aprobar ninguna oposición, sin tener
ni tan siquiera que pasar un examen, tan solo con afiliarse a un partido
político, tenga un salario cuatro veces mayor que cualquier trabajador cualificado, necesite
treinta años menos de cotizaciones para jubilarse, tenga una pensión muy por
encima de la de cualquier mortal y además con manga ancha para hacer de su capa
un sayo, tal y como estamos viendo y sufriendo, esto irá de mal en peor. Solo
pedimos un poco de cordura y un poco de vergüenza, que se depuren
responsabilidades y el que no valga que se vaya, ya sea el de más alto rango o
el último mono. Para el caso es lo mismo. Ya está bien de tanta injusticia y
prepotencia.
Elda, 5 de Marzo del 2013
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