lunes, 11 de marzo de 2013


DE LA AVIDEZ ADMINISTRATIVA…O DE ALGUNOS DE SUS SIERVOS

 

NUESTRA OPINIÓN:Taller Periodístico

Grupo Alberto Navarro Pastor

 
Corren malos tiempos, aunque con eso no descubrimos nada nuevo a los ciudadanos, al fin y al cabo todos los sufrimos. Bueno…todos, todos tampoco, es lo cierto. Hay una parte de la población: jubilados, jóvenes, asalariados (sean públicos o privados), parados, profesionales liberales, mujeres, personas con cualquier grado de dependencia… en fin, podemos ir sumando todos aquellos colectivos que vienen a nuestra mente en estos momentos, y seguro que siempre faltará alguno más, pues todos estos sectores son la parte más dañada por la situación, dicen que coyuntural, que atraviesa la sociedad (no solo nuestro país, seamos legales). La otra parte, la llamada clase política y el poder económico, aunque muestren signos de condolencia y griten su pesar poco creíble, por tener que tirar de la soga que nos ahoga, el caso es que siguen jalando de ella y no solo eso, si no que, siempre que pueden procuran hacer un nuevo nudo en esa cuerda, para evitar que resbale y la situación vuelva atrás en el tiempo.

La sociedad está harta, pero también está prisionera. Lo está de deudas, contraídas en tiempos en los que su trabajo les permitía asumirlas. Lo está de ser engañada por jerarcas sin escrúpulos, que solo ven a las personas como masa productiva, a la que hay que reducir y dominar, de modo que sean cual pulgones para las hormigas, vacas lecheras a las que ordeñar una y otra vez, sin descanso, hasta sacarles todo el jugo posible, al fin y al cabo, solo somos para ellos votantes que, cada cuatro años les damos el pasaporte, para que sigan exprimiendo nuestra buena voluntad, aprovechándose de las necesidades  que nos han creado: falta de trabajo, hambre, falta de autoestima, desilusión, decrepitud moral. Políticos tramposos que confunden la conciencia social con idiotez y así nos consideran. Mediocres elevados al estado de reyezuelos locales unas veces, de territorios algo más extensos si son autonómicos, de extensión nacional no por más inteligentes, sino por más desaprensivos.

Esta gente es la que nos dirige y nos obliga, por que no podemos decir que nos gobierna, el gobernante ha de ser otra cosa. Ellos intentan confundirnos eliminando la justicia social, no cumpliendo con las necesidades de la educación pública y menoscabándola; abandonando la sanidad pública en manos de grupos empresariales creados por ellos mismos, con la intención de ganar dinero a costa de la necesidad de ayuda en la que nos sume el dolor y la enfermedad (el ejemplo lo acuñó un señor jerarca de la Comunidad Valenciana junto a su familia, con los geriátricos y escuelas infantiles); nos confunden creando indefensión al convertir la justicia en un servicio de pago, con lo cual quien puede pagar sale beneficiado, quien no tiene recursos tendrá que aguantar y dejarse pisar por el contrario , aunque sea un opresor en cualquiera de las variantes que puedan existir ( el camino lo marca un ministro pseudo moderado, del que recordamos sus intervenciones televisivas de hace décadas en contra de la ley del aborto).

Mientras tanto ellos, los políticos de medio pelo, siguen cargando sobre las espaldas de la sociedad el abastecimiento de los bancos de alimentos. Devuelven a las personas dependientes a la reclusión en sus casas, para ser cuidados por sus familiares, generalmente madres, esposas, hijas, aunque creen con ello paro entre sus cuidadores especializados y situaciones de conflicto familiar, por el stress provocado ante la falta de recursos para hacer frente a la situación en los hogares. Permiten movimientos como el de la dación en pago, aunque ellos no solucionen el problema y solo traten  el drama que supone dejar a personas abandonadas a su suerte, suicidios que se repiten y otras consecuencias, como “daños colaterales” que hay que asumir por todos. Todo esto nos ha llevado a un estado en el que si no colaboramos nos sentimos mal, pero si lo hacemos seguimos invirtiendo el camino que iniciamos hace cuatro décadas. La Justicia, el derecho a  la educación, a la sanidad y la atención a las necesidades sociales, lo estamos convirtiendo en ejercicios de caridad y beneficencia, con lo que volvemos a la corte de los milagros, en la que exponer las miserias del cuerpo y del alma puede ser un billete para la supervivencia.

Digamos ¡basta ya!, nosotros tenemos el poder. Nosotros podemos acabar con las prácticas genocidas, si, genocidas, pues detrás de  lo que nos imponen está la intención de extinguir el sistema que entre todos hemos construido, con mayor o menor acierto, pero en el que las personas empezaban a contar como tales, no como objetos a rapiñar hasta su total anulación y extinción, por tanto ¡Basta ya de gobernantes genocidas!

Y para terminar hagamos referencia al mejor manual de política que se ha escrito. Hace 500 años, Maquiavelo escribía El Príncipe un tratado que, a lo largo de los años ha servido de ejemplo a muchos gobernantes. Ahora cuando se cumple el 5º Centenario de su publicación sigue igual de vigente. Pero igualmente lo está para el pueblo, pues si un príncipe puede ser aconsejado y advertido sobre las debilidades y flaquezas de sus gobernados, éstos igualmente pueden quedar advertidos de la ignorancia de quien los oprime.     

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