Volviendo a la realidad
Nuestra Opinión – Taller periodístico
Grupo Alberto Navarro
Inmersos en el momento de
incertidumbre y precariedad que estamos viviendo actualmente, nos asalta la
duda de si estos años de aparente bonanza que hemos disfrutado al pasar de la
transición a la Democracia, se han tratado tan solo de un sueño placentero, en
el que queríamos creer para no perder la cordura. Todo parece indicar que la sensación de entrar en un futuro
esperanzador y sin sobresaltos ha terminado y que de nuevo estamos debatiéndonos
en una atroz pesadilla con la amarga sensación de que todas nuestras esperanzas
han sido aniquiladas de un cruel manotazo.
El paro en aumento, los ingresos
menguando, los ahorros de toda una vida de esfuerzo desapareciendo, los sueldos
recortados, las pensiones amenazadas, los escolares hacinados, las universidades
reservadas para unos cuantos privilegiados, no por su inteligencia ni su
capacidad, si no en virtud del poder adquisitivo de su familia; los hospitales
privatizados, los enfermos dependientes, abandonados a su triste suerte, sus
familiares – cuidadores, condenados a malvivir en el olvido…Y así podríamos
llenar folios y folios.
Y
mientras tanto, una legión de personajes y personajillos sin escrúpulos, muy,
muy amigos de lo ajeno, culpables de delitos probados, entran en los Juzgados
por la puerta de atrás y salen, limpios de polvo y paja por la puerta grande,
con una sonrisa de oreja a oreja, dispuestos a disfrutar del botín conseguido.
Seguimos llevando sangre de bandolero en nuestras venas, pero ahora es más
cómodo, no hay que echarse al monte, no hay que malvivir ni pasar penalidades,
ahora se ejerce esa actividad detrás de una gran mesa y en un lujoso despacho,
todo a la vista, todo legalmente consentido.
Cuando vemos en televisión en la
sede de Bruselas a tanta gente sentada en sus poltronas, simplemente hablando, sin
ponerse de acuerdo en cosas tan básicas como el bienestar común y dándose
lecciones de saber hacer, unos a otros, cuando todos lo están haciendo tan mal;
y dentro de nuestra ignorancia no podemos más que hacernos una pregunta: ¿hace
falta tanta gente para conseguir tan pocas cosas? ¿Cuántos millones costarán
los sueldos de todas esas personas (sin contar viajes, seguridad, etc.etc.) y el
mantenimiento de todas esas instalaciones? Se podrían solucionar los problemas
de muchos países con solo un 10% de ese dinero. Tampoco estaría mal aplicar el
sistema que se pretende emplear con las pensiones, que es el de revalorizarlas
dependiendo del dinero que haya en la caja (¡que majadería!) y sería pagarles
en relación a los problemas que resuelvan. Pero claro, eso no les iba a gustar
ni pizca.
Siempre se ha dicho que el que paga manda,
pero se han cambiado las tornas y ahora el que cobra es el que manda, exige y
obliga. Como en los viejos tiempos. Estamos manipulados por un puñado de
déspotas descerebrados y aunque el saco es grande no estamos seguros de que
todos quepan en él de tantos como son.
Tal vez solo nos quede decir como el
Santo Job, pero adecuado a nuestros tiempos, “La Democracia me lo dio todo y la
mala política me lo quitó… pero omitiremos el “bendito sea su nombre” por razones
obvias. O quizás sería mejor, siguiendo con la inspiración Bíblica y tomando
como ejemplo al mismísimo Jesucristo, expulsar a los mercaderes del Templo con
cajas destempladas y sin más dilación. Metafóricamente
hablando, se entiende.
No nos busquen las cosquillas, que la
cosa no está para risas.
Elda, 22 de Junio de 2013
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