Confirmando
la evidencia.
NUESTRA OPINIÓN: Taller periodístico
Grupo Alberto Navarro Pastor
Nada
nos habría gustado más después de este paréntesis de espera que nosotros mismos
nos habíamos impuesto, reaparecer con nuestros comentarios, albergando la
esperanza de poder argumentar, de forma más
positiva y esperanzadora, sobre el panorama político por el que estamos
atravesando desde hace ya demasiado tiempo.
Llevamos casi un año soportando las veleidades
de unos partidos y otros, con elecciones incomprensibles; votando lo invotable
y aguantando mucho más de lo que una persona en su sano juicio puede resistir.
Y no digamos un país.
Pensábamos que el 20 D, sería la fecha
clave, y que nuestros votos decidirían nuestro futuro; pero al parecer esa
fecha solamente marcaba la aparición de la punta del iceberg y que las buenas
palabras, las promesas de cambios y recuperación de nuestro bienestar, solo
eran cantos de sirena que utilizaban los distintos, variados y numerosos
partidos políticos, surgidos en algunos casos de la nada, con los que manipular
nuestras mentes y llevarnos, primero a su terreno y después a pie de urna.
Una vez conseguido este propósito y a la
vista de lo innegable, al parecer nadie está contento con los resultados
obtenidos y ningún partido se conforma con la parte del pastel que le ha correspondido.
Todos quieren la parte más grande; nadie quiere recibir las migajas y lo que es
peor, nadie quiere asumir lo que las urnas han mostrado, lo que los españoles han
decidido. Estamos
asistiendo al bochornoso espectáculo de los chantajes, de las luchas internas dentro
de los mismos partidos, entre personas que se supone comparten la misma
ideología; poniéndose la zancadilla unos a otros con el único afán de ostentar
el poder; como así mismo a la negación de unirse y trabajar conjuntamente por
el bien del país.
Estamos viendo sus caras despojadas de las
máscaras que han ocultado sus intenciones durante la campaña electoral. A unos
ya los conocíamos y a otros se les está viendo el plumero. Después de todos
estos años de Democracia (¿o debemos decir post-dictadura?), con coaliciones
pactadas, con mayorías absolutas, etc., etc., parece mentira que nadie haya
aprendido nada, que todo haya sido una farsa, que todo se reduzca a una
cuestión de poder, de dinero, caiga quien caiga.
Discutiendo si son galgos o son podencos,
mientras el país se pregunta qué pasa con los asuntos pendientes, con los
graves problemas que todos han resaltado por activa y por pasiva en los numerosos
discursos que han protagonizado durante sus campañas, viendo con asombro,
(aunque no demasiado, todo hay que decirlo), como su mayor preocupación en
momentos tan tensos, sea el reparto de sillones y cotas de poder.
Mientras la izquierda se desgaja, la derecha
se apiña en torno a sus siglas y el resto se apunta a lo de “a río revuelto…” Sean
serios; las urnas han decidido que el panorama cambie, que las fuerzas se unan,
que se acabe el bipartidismo y que se entiendan todos ustedes, que ya toca.
Desde la oposición se puede luchar tan dignamente como desde el poder y aunque
sea más incómodo, es lo que el país ha decidido y quiere; todos los partidos,
todas las ideologías tienen mucho que ofrecer, no se queden en el fango y
pónganse a trabajar de verdad; y un toque de atención a la izquierda, aunque
suene demagógico, recuerden que “la
unión hace la fuerza”.
Puede que seamos duros en nuestras
apreciaciones, pero por desgracia, esto ya está durando demasiado.
Elda,
25 de Enero del 2016
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