RESPONSABILIDADES
COMPARTIDAS
Nuestra
Opinión: Taller de Prensa y Lectura
Grupo
“Alberto Navarro Pastor”
En
vísperas de los días navideños y casi como si hubiera prisa por clausurarla, se
cerró la Conferencia sobre el clima de Copenhague 2009, dejando un sabor amargo
en aquellos que, pese a los resultados obtenidos en anteriores encuentros de
estas características, seguían pensando que ésta era una ocasión que no había
que dejar pasar para trabajar seriamente por la salud del planeta y sus
tripulantes: todos nosotros.
Llama
mucho la atención el rechazo manifestado por 130 países de los 192 presentes en la cumbre, al abandonar sus representantes
científicos la conferencia, por desacuerdo con la forma de abordar los
problemas y la falta de compromiso a la hora de tomar medidas para frenar el
calentamiento global. Este plante de los científicos, pone de manifiesto muchos
de los problemas soterrados, entre ellos, abre la polémica sobre quienes son
los responsables de la actual situación medioambiental. Del mismo modo surgen
preguntas, en torno al papel de los países cuyas economías dependen en mayor
medida del sector productivo primario y los recursos reales que estos emplean
para llegar a una solución pactada, ellos son por número de habitantes los que
tienen una mayor fuerza moral para decidir, dada su representación, aunque
parece como si delegaran estas decisiones en las superpotencias que, de este
modo, una vez más hacen valer su hegemonía sobre el orden mundial. Es fácil
pensar que, los intereses económicos de las grandes corporaciones empresariales
o de las empresas energéticas, son los causantes de la apatía gubernamental,
ante los cada vez más patentes problemas que sufre la Tierra, pero aceptar esto
sería dar veracidad a la hipótesis de que, para los gobiernos es más importante
los resultados económicos que el bienestar de la población; sin embargo ésta
sería una lectura extremadamente simplista y bastante recurrente que, no podría
sostenerse de no ser por otras que la apoyan.
En
otro nivel encontraríamos la información, derivándose de ella el poder que sus
gestores tienen, para dirigir la opinión pública en una dirección u otra,
mostrando con ello el verdadero potencial de influencia que conllevan los
medios de comunicación. De lo último que hemos expuesto, cabría poner como
ejemplo la sucesión de películas catastrofistas, de las que parece desprenderse
una alerta a la humanidad, un aviso con el que se nos prepara para aceptar lo
irremediable, por muy cruel y duro que sea.
La
comunidad científica, a su vez está dividida sobre las posibles causas del
problema medioambiental y sus soluciones, y con ello tampoco es que contribuya
mucho a aclarar las ideas, al abogar por la opinión de que, estamos en una fase
cíclica, en la cual se suceden los episodios de calentamiento y
enfriamiento del planeta.
Lo
cierto es que existe una gran alarma social entre la población de todo el
mundo, la sensibilidad por lo que pueda ocurrir a la nave nodriza deja
indiferente a muy pocos, ya que vivimos momentos y circunstancias, a los que la
Tierra nunca se había enfrentado y su propia evolución nos debe marcar el
camino a seguir. Pero esto no es excusa para que el hombre, como ser
inteligente que es, deje de asumir la responsabilidad que tiene sobre su
entorno. Responsabilidad de grupo, pero también responsabilidad individual,
pues como parte de la especie humana hemos de ser conscientes del desgaste al
que sometemos a la naturaleza alterando el ciclo de las cosechas, provocando la
deforestación de las zonas boscosas, incentivando el consumo sin medida,
envenenando los acuíferos, los ríos y los mares.
Podría
ser que el desacuerdo y la pobreza de resultados de la conferencia de
Copenhague, no sea más que la manifestación de la impotencia y la falta de
ideas de los hombres para poner freno a la situación a la que nos enfrentamos.
Si esto es así, mientras tanto, obremos con cordura de forma individual, será
el inicio de un camino sin retorno que, nos llevará a salvarnos junto al
planeta.
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