SOBRE MIGUEL
HERNANDEZ
Las tertulias de los lunes, mañanas esperadas por todos
como el mejor de los comienzos semanales, traen en cada encuentro una sorpresa
en forma de invitado interesado por saber qué hacemos en el grupo, en esta
ocasión hemos contado con la visita de Rafael Carcelén con quien
disertamos largo y tendido sobre la figura de
Miguel Hernández; mucho nos contó y bastante aprendimos y como resumen
de todo lo dicho, invitamos a Javier Sánchez, seguidor fiel del grupo, a
escribir sobre el poeta.
A tu memoria.
A la luz de las ideas que
comprometen, una historia se hace poesía instalándose en la cultura de un
pueblo, trascendiendo naciones. Miguel Hernández, fiel dueño de sus
sentimientos y creencias, fue iluminando sueños, realidades, ilusiones y
verdades de esa circunstancia temporal que le toco vivir. Treinta años
asimilando conocimientos culturales de conformación simple y continua.
Con dolor, pero reivindicando la esperanza a cada momento,
en su mirada profunda de los aconteceres diarios y acompañado por la voluntad
férrea de ser libre con sus ideas, se vuelve contagiosa las ganas de luchar
para no morir entre enfermedades y perseverar con la memoria de los tiempos. A
veces, alimentándose de la adversidad que propone ser disidente a las ideas que
lo gobernaban en esos momentos: la pluma como arma, como herramienta, como
vínculo directo de su intelecto lo hace poderoso allí donde sus poemas se
manifiestan, dejando una impronta como “El rayo que no cesa”. En tiempos de
guerra se hace cronista inexorable de un instante en el tiempo. Su vida
discurre entre situaciones de “Elegía”, confrontando vida y muerte para
resurgir en estado puro como “Hijo de la luz y de la sombra”. En esta inercia
que provoca un cúmulo de energías recogidas de amistades, “Perito en lunas”,
“Viento del pueblo”, se encierra al cuerpo, la materia. Pero su espíritu queda
vivo, esta vivo como la flama que mantiene la hoguera y tres paredes y una reja
no detienen el talento ni el ingenio; ni la bronquitis, ni el tifus son sus
dueños sin dejar de minar sus fuerzas. Su trayectoria se perpetúa en el
compromiso con los suyos, quedando este legado de honestidad que su humildad
fue corroborando. Siempre estuvo presente el niño que fue, con nostalgias de
monte y cabra, conformando la cosmovisión que dio origen a su pensamiento junto
a sus raíces y sus amores que son un culto. Desposeído de odios y rencores se
entrega a las manifestaciones de la vida que lo cogen sin aquellos lastres,
sorprendiéndose de ese porvenir que no llega. Debilitado en carnes mas no en ideas,
Miguel Hernández alienta a seguir, a descubrir nuevos aires viendo en el futuro
un recuerdo permanente de El en los demás que lo siguen como estructura de
destino. Su familia, sus colegas, sus amigos, conocidos y desconocido siempre
estarán unidos por este ángel paradigmático que mora en sus mentes, en la
memoria activa que supone su gran obra literaria y en los pasos que hemos de
seguir.
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