viernes, 14 de septiembre de 2012

viernes, 15 de enero de 2010


Os mandamos el tercer artículo del grupo publicado en el semanario, aunque es la cuarta publicación si consideramos el de presentación.

Esta semana se ha querido debatir un tema preocupante para todos, en él están apuntados muchos de los aspectos clave para entender la situación de política y económica de la Comunidad Valenciana.

La verdad es que hay que ser muy valientes-aunque parezca que todo el mundo puede expresar su opinión libremente- como para hacer un análisis así, intuyendo que pueden haber represalias y depuraciones.

 

 

Nuestra Opinión: Taller de Prensa y Lectura

Grupo “Alberto Navarro Pastor

 

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

 

            En las semanas anteriores, en la mesa de debate del grupo nos hemos dedicado a tratar algunos aspectos que, podríamos considerar un tanto lejanos, dado su carácter generalista y de alcance internacional, sin embargo quienes sigan esta sección, habrán podido valorar hasta que punto los temas tratados, llegan a afectarnos en nuestra vida cotidiana.

            Esta semana el tema elegido nos toca más de cerca, ya que nuestra intención es reflexionar sobre la evolución que ha sufrido la Comunidad Valenciana en los años que lleva de autogobierno, valorando el momento actual en el que se encuentra.

            A lo largo de las décadas de los años 50 y 60 del pasado siglo, la región valenciana fue abriéndose paso en el panorama español, como un pilar importantísimo para su desarrollo  industrial, concretamente nuestra comarca, al igual que otras de la provincia, pronto destacaron con los monocultivos fabriles que venían desarrollando, convirtiéndose en áreas receptoras de mano de obra, emigrante de una España agrícola en descomposición. Durante años se fraguó el mito de un dorado peninsular que, por unas causas u otras, en las décadas siguientes vio truncado su crecimiento. Partiendo de ese pasado, llegamos a un presente en el que no entendemos, qué ha podido ocurrir para que, una comunidad tan boyante y rica como ésta, haya invertido su desarrollo, hasta alcanzar una cota de desempleo como la que tenemos y se encuentre en una situación de endeudamiento financiero, que nos hace presagiar un futuro nada claro.

            Sabemos por las noticias que se nos proporcionan, que hemos pasado de ser una comunidad productora, dentro del sector secundario, a un intento de convertirnos en la proveedora de servicios de Europa, ya en el sector terciario. Este cambio, del que a priori nada tenemos que objetar - siempre que sea para bien- nos hace dudar de su efectividad, cuando parece ser que las políticas de actuación se basan en un modelo de difusión de la imagen comunitaria, sostenida por los grandes eventos y las inversiones multimillonarias.

            Como hemos dicho anteriormente, nada tenemos que objetar a estas actuaciones, que suponemos meditadas y asesoradas por los convenientes informes técnicos que las avalan y aconsejan. Pero este razonamiento no nos aleja de la realidad diaria en forma de largas colas de demandantes, que vemos al pasar por las oficinas de empleo, de la demora en la citas para consultas médicas en los centros de salud y en las listas de atención hospitalaria, de la precariedad de medios a la que se enfrenta la educación pública, de la tardanza en resolver procedimientos judiciales que pueden desembocar en peligrosas situaciones para la población, de atraso injustificable en la atención a dependientes…y así seguiríamos desgranando un rosario de situaciones ofensivas para el ciudadano común, ese que no entiende de grandes disquisiciones políticas, pero que es el que, a pie de calle, sufre el día a día y pasa la travesía del desierto.

            Este artículo, posiblemente sea un iceberg, del cual solo asoma la punta, el resto, lo oculto, es lo que nos ha enseñado toda una vida de trabajo y de lucha, la capacidad al menos de saber la sociedad que queremos dejar como herencia a nuestro hijos y nietos: un Levante feliz, pero con bienestar, justicia y trabajo.     

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