Os mandamos el tercer artículo del grupo publicado en el semanario, aunque es la cuarta publicación si consideramos el de presentación.
Esta semana se ha
querido debatir un tema preocupante para todos, en él están apuntados muchos de
los aspectos clave para entender la situación de política y económica de la
Comunidad Valenciana.
La verdad es que hay
que ser muy valientes-aunque parezca que todo el mundo puede expresar su
opinión libremente- como para hacer un análisis así, intuyendo que pueden haber
represalias y depuraciones.
Nuestra Opinión: Taller de Prensa y
Lectura
Grupo “Alberto Navarro Pastor “
NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE
En las semanas
anteriores, en la mesa de debate del grupo nos hemos dedicado a tratar algunos
aspectos que, podríamos considerar un tanto lejanos, dado su carácter
generalista y de alcance internacional, sin embargo quienes sigan esta sección,
habrán podido valorar hasta que punto los temas tratados, llegan a afectarnos
en nuestra vida cotidiana.
Esta semana el tema elegido nos toca
más de cerca, ya que nuestra intención es reflexionar sobre la evolución que ha
sufrido la Comunidad Valenciana en los años que lleva de autogobierno,
valorando el momento actual en el que se encuentra.
A lo largo de las décadas de los
años 50 y 60 del pasado siglo, la región valenciana fue abriéndose paso en el
panorama español, como un pilar importantísimo para su desarrollo industrial, concretamente nuestra comarca, al
igual que otras de la provincia, pronto destacaron con los monocultivos
fabriles que venían desarrollando, convirtiéndose en áreas receptoras de mano
de obra, emigrante de una España agrícola en descomposición. Durante años se
fraguó el mito de un dorado peninsular que, por unas causas u otras, en
las décadas siguientes vio truncado su crecimiento. Partiendo de ese pasado,
llegamos a un presente en el que no entendemos, qué ha podido ocurrir para que,
una comunidad tan boyante y rica como ésta, haya invertido su desarrollo, hasta
alcanzar una cota de desempleo como la que tenemos y se encuentre en una situación
de endeudamiento financiero, que nos hace presagiar un futuro nada claro.
Sabemos por las noticias que se nos
proporcionan, que hemos pasado de ser una comunidad productora, dentro del
sector secundario, a un intento de convertirnos en la proveedora de servicios
de Europa, ya en el sector terciario. Este cambio, del que a priori nada
tenemos que objetar - siempre que sea para bien- nos hace dudar de su
efectividad, cuando parece ser que las políticas de actuación se basan en un
modelo de difusión de la imagen comunitaria, sostenida por los grandes eventos
y las inversiones multimillonarias.
Como hemos dicho anteriormente, nada
tenemos que objetar a estas actuaciones, que suponemos meditadas y asesoradas
por los convenientes informes técnicos que las avalan y aconsejan. Pero este
razonamiento no nos aleja de la realidad diaria en forma de largas colas de
demandantes, que vemos al pasar por las oficinas de empleo, de la demora en la
citas para consultas médicas en los centros de salud y en las listas de
atención hospitalaria, de la precariedad de medios a la que se enfrenta la
educación pública, de la tardanza en resolver procedimientos judiciales que
pueden desembocar en peligrosas situaciones para la población, de atraso
injustificable en la atención a dependientes…y así seguiríamos desgranando un
rosario de situaciones ofensivas para el ciudadano común, ese que no entiende
de grandes disquisiciones políticas, pero que es el que, a pie de calle, sufre
el día a día y pasa la travesía del desierto.
Este artículo, posiblemente sea un
iceberg, del cual solo asoma la punta, el resto, lo oculto, es lo que nos ha
enseñado toda una vida de trabajo y de lucha, la capacidad al menos de saber la
sociedad que queremos dejar como herencia a nuestro hijos y nietos: un Levante
feliz, pero con bienestar, justicia y trabajo.
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